Soy
un ladrillo. Recto, duro, frío ladrillo.
Somos muchos ladrillos, apilados, trabados, enlistados. Concurrentes y
siderales ladrillos solos. Juntados de espanto somos muro, muro gris,
impenetrable. Ciego muro gris impenetrable al tiempo.
Somos.
Muro.
Que se pierde, se encuentra y se pierde al infinito sobre un cielo gris
lechoso, pesado, insostenible.
Cielo Insostenible.
Río y cielo son lo mismo, el universo del no ser.
Río pesado de tantas lágrimas, lágrimas y sangre mezcladas, y mucha
indiferencia, mares interminables de abyecta indiferencia cobarde.
Indiferencia, río lechoso, cielo plomizo, y un muro. Y el silencio, formado por
miles de gritos acallados a golpes, y las bocinas, lejos, y los perros
ladrando, y más allá la gente, que bulle, que brama, que sigue, siempre sigue
la vida, a veces contenta, a veces desgarrante, pero sigue.